domingo, 11 de octubre de 2015

Cuando tú sí, yo no. Y a la inversa.

Cuando yo día, tú noche. Cuando yo agua, tú fuego. Cuando yo voy, tú nunca vienes. Y es que nos estamos rompiendo porque no encontramos respuestas a nuestros besos; porque tú me dices que me deje llevar, y a mí me da pánico no saber hacia dónde voy, porque tú me dices que me has visto pasarlo bien sin ese afán de controlar todo cuanto ocurre, y a mí me da vértigo pensar que ha habido algún momento en el que no he controlado la situación. Porque has empezado a saber cómo soy y yo he comenzado a desconocerme, porque no tienes por qué aguantar mis problemas y yo he hecho que el problema invada tu espacio.


Hemos dejado de entendernos porque nos hemos acercado demasiado, y me da miedo pensar que, tarde o temprano, eso va a terminar alejándonos. Me da pánico pensar en la idea de que los monstruos de debajo de mi cama se hayan instalado en mi corazón y te estén mordiendo las ganas de seguir besándome.

sábado, 3 de octubre de 2015

Distancia

Hubo un momento de sus vidas en el que los días se tornaron grises; las nubes lloraban la ausencia de ambos, mas la situación inexorable jamás les impidió besarse. Miraban las estrellas estando en la misma azotea porque tendían a echarse de menos… y es que cada noche se encontraban distanciados por miles de kilómetros mientras compartían la misma almohada.


Estaban en el borde del precipicio cuando decidieron empezar a quererse.

martes, 17 de marzo de 2015

Jamais

Un día cualquiera, volví a sentirme una cualquiera.


Hace tiempo que estuve en el fondo; sintiendo que no valía nada,

valiéndolo todo.


Pensar en el futuro nunca fue una posibilidad; todo me resultaba innecesario, hasta yo. El problema se agravó cuando asumí que podía sumergirme en mi propio mar sin morirme del todo, y aprendí a disfrutar mientras arrastraba a las demás personas a ahogarse junto a mí.

Siempre
-y digo siempre-
rompía a llorar
en la orilla.


Porque comprendí tarde que odiar es amar a la inversa. Porque era respirar conmigo lo que me quitaba el aire.

Una vez que te marchas
para hundirte,
jamás
-y digo jamás-
regresas de la misma manera.


Créanme cuando les digo que, en ocasiones, echo de menos lo de quererme tan poco y odiarme en exceso, pues a veces tiendo a desconocer mis límites negativos y eso hace que me sienta enorme, sí, pero dentro del fracaso.

Huía,
           huía,
                      huía. 
Nunca aprendía a volver.
(Aunque ahora sí sepa). 

Que para saber la frecuencia con la que escribo primero se debe conocer la frecuencia con la que lloro.

domingo, 8 de febrero de 2015

Efímero

- ¿Tienes pareja estable?
- No.
- ¿Has mantenido relaciones sexuales?
- Sí.
- ¿Con cuánta frecuencia practicas sexo?
- Siempre que puedo. Es decir: cada vez que veo a una mujer que me atrae, siento la enorme necesidad de hacer que se fije en mí, y en la mayoría de los casos lo consigo.
Hablamos, fumamos, bebemos, nos besamos... realmente pasamos un buen rato. A veces las he visto de nuevo, pero otras no he vuelto a saber de ellas. Este último tipo de mujeres son las que verdaderamente me arañan el corazón aun sin haberlo tocado. Veo a una que me interese, me acerco de manera respetuosa, nos conocemos, le explico mi manera de odiar entre besos, me informa de sus planes de futuro con o sin compañía... nos contamos parte de nuestro ser. Es interesante vivir estas situaciones continuamente puesto que siempre intento que nos pongamos al mismo nivel intelectual y amoroso; no nos esforzamos en intentar ser superior o inferior a la otra; simplemente somos comos somos. A pesar de ello, no nos molestamos en intentar mantener el contacto: sabemos que no estamos hechas la una para la otra. Aún así, somos capaces de entretenernos y pasarlo bien; ya sabe: dejar nuestras vidas a un lado. ¿No le parece fascinante el hecho de poder disfrutar con una persona que apenas conoce?
Créame cuando le digo que a veces me duele que no estén más días en mi vida. Siempre formarán parte de mí.
Así pues, intento que suceda todas las veces posibles. ¿Acaso usted no lo haría?

jueves, 15 de enero de 2015

El mundo a mis pies

- Esa mujer está mintiendo: no lee. Es inocente, habla como si no le doliese el mundo; no para de sonreír en todo momento.
Siento decirle que una persona que lee, es consciente de ello; quiero decir: se puede apreciar la arrogancia en sus palabras, la soberbia de 'Me considero superior: yo leo buena literatura y tú no. Estoy en niveles culturales más altos'.

- Tienes razón, sólo hay que verte a ti. Más aún sabiendo que escribes.
No le sonríes al mundo salvo en momentos puntuales, vives con odio en el alma; miras a las personas por encima del hombro, creyéndote superior. Crees que tienes el mundo a tus pies, y realmente pienso que en algún momento de tu vida has conocido la sensación de tenerlo. No respetas las palabras ajenas, te son indiferentes y, por si fuera poco, no permites que nadie te haga cambiar de opinión... aún menos si no leen.

- Entonces, ¿no le agrada mi comportamiento?

- No me agrada que los demás no sean capaces de apreciar lo bueno que hay dentro de tu actitud.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Tenemos que.

Tú y yo tenemos que.

Creo que no existe frase más bonita para explicar algo.
Tenemos que tomar café, tenemos que pasear por los lugares más inhóspitos de Madrid, tenemos que ir a cualquier antro a tomar cerveza mientras hablábamos de Filosofía, Arte o Literatura, tenemos que correr juntos y agarrados de la mano intentando huir de una lluvia que no para de mojarnos, tenemos que volver al lugar donde nos besamos por primera y última vez, tenemos que bailar pegados y por separado sin celos de por medio, tenemos que aceptarnos tal y como somos y ayudarnos a superar aquello que nos hace tener hoy en día defectos.

Tenemos que.

Tenemos que cantar bajo el mismo techo, aunque ambos sepamos que no sabemos cantar. Tenemos que irnos tan lejos que, aunque no nos movamos del sitio, realmente sintamos que estamos muy lejos. Tenemos que enseñarnos mutuamente conocimientos, como que a través de una caracola no estás escuchando el mar, o que Fleming y Graham Bell no inventaron la penicilina ni el teléfono, respectivamente.

Tenemos que.

Tenemos que visitar cualquier parque de Madrid con total seguridad de poder hacerlo nuestro; tenemos que observar las barcas de El Retiro sabiendo que nunca nos subiríamos juntos a una porque, visto cómo somos, acabaríamos en el agua y la barca dada la vuelta; tenemos que vernos más a menudo y olvidarnos muchísimo menos, tenemos que besarnos tanto que apenas nos besemos; tenemos que escuchar llover encerrados en la misma habitación y disfrutar de la lluvia estando en distinto paraguas.

Tenemos que.

Tenemos que querernos, pero hacer como que no nos queremos.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Casa

El otro día, fumando en la ventana que tanto me ha visto llorar, reír y cantar, contemplé una maravillosa escena, quizá la más bella según qué opinión.
Pude ver cómo dos niños jugaban a alcanzarse, luchando por ver quién era más rápido y con cuánta distancia de diferencia escapaba del contrario. De repente, uno de ellos, convencido de su victoria, se acercó a su padre y, agarrándole del brazo, le escuché decir:

"Casa. Mi padre es casa".

Esta situación me hizo plantearme qué es la vida y qué concepto tienen las personas de ella, pues para algún grupo de personas puede suponer soñar y escapar de todo cuanto nos amenaza, pero bien es cierto que para otro grupo puede ser buscar su casa.
Y quizá una de las múltiples respuestas a la vida sea buscar nuestro hogar en otra persona.