domingo, 14 de diciembre de 2014

Tenemos que.

Tú y yo tenemos que.

Creo que no existe frase más bonita para explicar algo.
Tenemos que tomar café, tenemos que pasear por los lugares más inhóspitos de Madrid, tenemos que ir a cualquier antro a tomar cerveza mientras hablábamos de Filosofía, Arte o Literatura, tenemos que correr juntos y agarrados de la mano intentando huir de una lluvia que no para de mojarnos, tenemos que volver al lugar donde nos besamos por primera y última vez, tenemos que bailar pegados y por separado sin celos de por medio, tenemos que aceptarnos tal y como somos y ayudarnos a superar aquello que nos hace tener hoy en día defectos.

Tenemos que.

Tenemos que cantar bajo el mismo techo, aunque ambos sepamos que no sabemos cantar. Tenemos que irnos tan lejos que, aunque no nos movamos del sitio, realmente sintamos que estamos muy lejos. Tenemos que enseñarnos mutuamente conocimientos, como que a través de una caracola no estás escuchando el mar, o que Fleming y Graham Bell no inventaron la penicilina ni el teléfono, respectivamente.

Tenemos que.

Tenemos que visitar cualquier parque de Madrid con total seguridad de poder hacerlo nuestro; tenemos que observar las barcas de El Retiro sabiendo que nunca nos subiríamos juntos a una porque, visto cómo somos, acabaríamos en el agua y la barca dada la vuelta; tenemos que vernos más a menudo y olvidarnos muchísimo menos, tenemos que besarnos tanto que apenas nos besemos; tenemos que escuchar llover encerrados en la misma habitación y disfrutar de la lluvia estando en distinto paraguas.

Tenemos que.

Tenemos que querernos, pero hacer como que no nos queremos.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Casa

El otro día, fumando en la ventana que tanto me ha visto llorar, reír y cantar, contemplé una maravillosa escena, quizá la más bella según qué opinión.
Pude ver cómo dos niños jugaban a alcanzarse, luchando por ver quién era más rápido y con cuánta distancia de diferencia escapaba del contrario. De repente, uno de ellos, convencido de su victoria, se acercó a su padre y, agarrándole del brazo, le escuché decir:

"Casa. Mi padre es casa".

Esta situación me hizo plantearme qué es la vida y qué concepto tienen las personas de ella, pues para algún grupo de personas puede suponer soñar y escapar de todo cuanto nos amenaza, pero bien es cierto que para otro grupo puede ser buscar su casa.
Y quizá una de las múltiples respuestas a la vida sea buscar nuestro hogar en otra persona.

domingo, 19 de octubre de 2014

Despierto

Vida,
a veces tan triste,
a veces tan sola;
como La Gioconda
en tu espalda:
llorando el amor
y exigiendo la lucha.

Recorriendo mares
en los que muero,
naufrago en medio
del caos
(y respiro).
Lloro océanos de sangre;
me entiendo
gracias a verme
y salir a mi encuentro.

Guerra,
a veces tan sola,
a veces tan tuya:
como El Guernica
en tu alma:
ansiando la paz
y odiando la patria.

¡Y la vida es un péndulo
cuando me quieres!;
vas y vienes,
vas y vienes.
A veces no vuelves.

Entonces me quiero,
(con miedo, por supuesto).
Y lloro el silencio,
lloro el abrazo;
vienes a romperlo.

Me siento y veo pasar de todo,
menos el tiempo.
Menguo, me alejo,
me odio, me frustro
y me escondo del sueño.

Entonces apareces de nuevo
y callo.
Aparezco de nuevo
y caigo.
Me conformo con poco
(y menos).

Sudo, toso y despierto.

domingo, 12 de octubre de 2014

Mujeres

Esas mujeres que hablan sin decir nada en concreto, que sonríen cuando no lloran y lloran cuando no sonríen.
Esas mujeres que bailan mientras lloran pero ríen sin bailar, aún queriendo hacerlo.
Esas mujeres que ven más atractivo enseñar que insinuar, que no saben gritar en silencio ni callarse entre gritos.
Esas mujeres que pretenden irse lejos sin moverse del sitio, que quieren volar teniendo vértigo.
Esas mujeres que saben amar y sentenciar al mismo tiempo, pero no saben odiar y largarse sin hacer ruido.
Esas mujeres que quieren abrazar antes que comprender, que desean hablar de cosas insignificantes antes que besar.
Esas mujeres que sienten y repudian, que conversan, no escuchan y jamás callan.
Esas mujeres que van y vienen, pero nunca se quedan.

A ésas tan sólo las detesto.

jueves, 9 de octubre de 2014

Necesidades.

Quizá el concepto de amor, cariño, amistad y compañerismo de cualquier ser humano sea ir agarrado a una persona, que una de las dos se caiga y que la otra intente levantarle.
Quizá sí, pero no es el mío.
Mi concepto es aquel que se basa en que, si la persona agarrada a mí se cae, yo me tiro al suelo para reírnos juntas de la caída.

''Siento que estoy en una casa cubierta, me explico. Ya sabes cómo soy: mi mundo, solitario, generalmente tristón, y me siento protegido; siento que puedo descolgar el teléfono y llamar para poder contar algo completamente absurdo que absolutamente nadie entenderá, porque nunca había compartido la soledad. Y resulta curioso sentir soledad estando acompañado: es menos malo.''


''Te doy las gracias por hacerme compañía, soportar mis alegrías, mis tristezas y curar mis rayadas, por estar ahí sin pedir absolutamente nada a cambio. Yo no soy perfecto y a veces tengo malos modos; soy pasota, y miles de defectos, pero valoro las cosas más que nadie. No sabes cuánto agradezco todo lo que has hecho desde aquel día.''


A veces hay personas que hacen que no escriba por el simple hecho de que saben expresar todo aquello que necesito.

lunes, 6 de octubre de 2014

Huir de uno mismo

Noté que todo se rompió, así que salí a buscarle.

El error fue hacerlo en los lugares que frecuentábamos a menudo, a la vez; aquellos donde besaba con los ojos cerrados y el corazón abierto. He de decir que, en el fondo, lo veo algo comprensible, pues nadie en su sano juicio querría volver a donde nunca quiso quedarse.
Así pues. estuve caminando durante horas (quién sabe cuántas) sin saber adónde ir; más bien adónde volver. Veía su rostro en cada uno de los rostros que me encontraba; gritaba, corría, sonreía, lloraba... intentaba arreglar todo, pero esos actos lo rompían aún más.

Me encerré en calles estrechas, en romances que servían para perder el tiempo, incluso en bares de mala muerte que, en algún momento, fueron de espléndida vida por el simple hecho de haber tenido con quién compartirlos.
Sin embargo, y sin duda alguna, creo que lo peor fue encerrarme en mí misma. Así pues, nunca regresé de mí, mas siempre quise hacerlo (tan sólo para seguir buscando).

Porque una vez roto, el corazón se encuentra donde tú quieres que esté y no donde quiere otra persona.