Hubo
un momento de sus vidas en el que los días se tornaron grises; las nubes
lloraban la ausencia de ambos, mas la situación inexorable jamás les impidió besarse.
Miraban las estrellas estando en la misma azotea porque tendían a echarse de
menos… y es que cada noche se encontraban distanciados por miles de kilómetros
mientras compartían la misma almohada.
Estaban
en el borde del precipicio cuando decidieron empezar a quererse.
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