Cuando
yo día, tú noche. Cuando yo agua, tú fuego. Cuando yo voy, tú nunca vienes. Y
es que nos estamos rompiendo porque no encontramos respuestas a nuestros besos;
porque tú me dices que me deje llevar, y a mí me da pánico no saber hacia dónde
voy, porque tú me dices que me has visto pasarlo bien sin ese afán de controlar
todo cuanto ocurre, y a mí me da vértigo pensar que ha habido algún momento en
el que no he controlado la situación. Porque has empezado a saber cómo soy y yo
he comenzado a desconocerme, porque no tienes por qué aguantar mis problemas y
yo he hecho que el problema invada tu espacio.
Hemos
dejado de entendernos porque nos hemos acercado demasiado, y me da miedo pensar
que, tarde o temprano, eso va a terminar alejándonos. Me da pánico pensar en la
idea de que los monstruos de debajo de mi cama se hayan instalado en mi corazón
y te estén mordiendo las ganas de seguir besándome.