Tú y yo tenemos
que.
Creo que no
existe frase más bonita para explicar algo.
Tenemos que
tomar café, tenemos que pasear por los lugares más inhóspitos de Madrid,
tenemos que ir a cualquier antro a tomar cerveza mientras hablábamos de
Filosofía, Arte o Literatura, tenemos que correr juntos y agarrados de la mano
intentando huir de una lluvia que no para de mojarnos, tenemos que volver al
lugar donde nos besamos por primera y última vez, tenemos que bailar pegados y
por separado sin celos de por medio, tenemos que aceptarnos tal y como somos y
ayudarnos a superar aquello que nos hace tener hoy en día defectos.
Tenemos que.
Tenemos que
cantar bajo el mismo techo, aunque ambos sepamos que no sabemos cantar. Tenemos
que irnos tan lejos que, aunque no nos movamos del sitio, realmente sintamos
que estamos muy lejos. Tenemos que enseñarnos mutuamente conocimientos, como
que a través de una caracola no estás escuchando el mar, o que Fleming y Graham
Bell no inventaron la penicilina ni el teléfono, respectivamente.
Tenemos que.
Tenemos que
visitar cualquier parque de Madrid con total seguridad de poder hacerlo
nuestro; tenemos que observar las barcas de El Retiro sabiendo que nunca nos subiríamos juntos a una porque,
visto cómo somos, acabaríamos en el agua y la barca dada la vuelta; tenemos que
vernos más a menudo y olvidarnos muchísimo menos, tenemos que besarnos tanto
que apenas nos besemos; tenemos que escuchar llover encerrados en la misma
habitación y disfrutar de la lluvia estando en distinto paraguas.
Tenemos que.
Tenemos que
querernos, pero hacer como que no nos queremos.
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