domingo, 14 de diciembre de 2014

Tenemos que.

Tú y yo tenemos que.

Creo que no existe frase más bonita para explicar algo.
Tenemos que tomar café, tenemos que pasear por los lugares más inhóspitos de Madrid, tenemos que ir a cualquier antro a tomar cerveza mientras hablábamos de Filosofía, Arte o Literatura, tenemos que correr juntos y agarrados de la mano intentando huir de una lluvia que no para de mojarnos, tenemos que volver al lugar donde nos besamos por primera y última vez, tenemos que bailar pegados y por separado sin celos de por medio, tenemos que aceptarnos tal y como somos y ayudarnos a superar aquello que nos hace tener hoy en día defectos.

Tenemos que.

Tenemos que cantar bajo el mismo techo, aunque ambos sepamos que no sabemos cantar. Tenemos que irnos tan lejos que, aunque no nos movamos del sitio, realmente sintamos que estamos muy lejos. Tenemos que enseñarnos mutuamente conocimientos, como que a través de una caracola no estás escuchando el mar, o que Fleming y Graham Bell no inventaron la penicilina ni el teléfono, respectivamente.

Tenemos que.

Tenemos que visitar cualquier parque de Madrid con total seguridad de poder hacerlo nuestro; tenemos que observar las barcas de El Retiro sabiendo que nunca nos subiríamos juntos a una porque, visto cómo somos, acabaríamos en el agua y la barca dada la vuelta; tenemos que vernos más a menudo y olvidarnos muchísimo menos, tenemos que besarnos tanto que apenas nos besemos; tenemos que escuchar llover encerrados en la misma habitación y disfrutar de la lluvia estando en distinto paraguas.

Tenemos que.

Tenemos que querernos, pero hacer como que no nos queremos.

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