Vida,
a veces tan triste,
a veces tan sola;
como La Gioconda
en tu espalda:
llorando el amor
y exigiendo la lucha.
Recorriendo mares
en los que muero,
naufrago en medio
del caos
(y respiro).
Lloro océanos de sangre;
me entiendo
gracias a verme
y salir a mi encuentro.
Guerra,
a veces tan sola,
a veces tan tuya:
como El Guernica
en tu alma:
ansiando la paz
y odiando la patria.
¡Y la vida es un péndulo
cuando me quieres!;
vas y vienes,
vas y vienes.
A veces no vuelves.
Entonces me quiero,
(con miedo, por supuesto).
Y lloro el silencio,
lloro el abrazo;
vienes a romperlo.
Me siento y veo pasar de todo,
menos el tiempo.
Menguo, me alejo,
me odio, me frustro
y me escondo del sueño.
Entonces apareces de nuevo
y callo.
Aparezco de nuevo
y caigo.
Me conformo con poco
(y menos).
Sudo, toso y despierto.