lunes, 6 de octubre de 2014

Huir de uno mismo

Noté que todo se rompió, así que salí a buscarle.

El error fue hacerlo en los lugares que frecuentábamos a menudo, a la vez; aquellos donde besaba con los ojos cerrados y el corazón abierto. He de decir que, en el fondo, lo veo algo comprensible, pues nadie en su sano juicio querría volver a donde nunca quiso quedarse.
Así pues. estuve caminando durante horas (quién sabe cuántas) sin saber adónde ir; más bien adónde volver. Veía su rostro en cada uno de los rostros que me encontraba; gritaba, corría, sonreía, lloraba... intentaba arreglar todo, pero esos actos lo rompían aún más.

Me encerré en calles estrechas, en romances que servían para perder el tiempo, incluso en bares de mala muerte que, en algún momento, fueron de espléndida vida por el simple hecho de haber tenido con quién compartirlos.
Sin embargo, y sin duda alguna, creo que lo peor fue encerrarme en mí misma. Así pues, nunca regresé de mí, mas siempre quise hacerlo (tan sólo para seguir buscando).

Porque una vez roto, el corazón se encuentra donde tú quieres que esté y no donde quiere otra persona.

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